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sábado, 2 de marzo de 2013


Cruz Roja redobla su ayuda

- jueves, 07 de febrero de 2013
 
 

La ONG atendió el año pasado a 2,3 millones de necesitados, un 163 por ciento más que al comienzo de la crisis en 2008, cuando menos de un millón de individuos solicitaban su ayuda

europa press / madrid
Al servicio de los más necesitados. Cruz Roja es el salvavidas para muchas personas y familias españolas que están padeciendo la peor parte del azote de la crisis, y así lo demuestran los 2.390.819 de personas atendidas durante el año 2012, un 163 por ciento más que al comienzo de la crisis (2008) -con 909.800 individuos ayudados-, según los datos recogidos en el Informe sobre la Vulnerabilidad Social 2011-2012, realizado por la organización no gubernamental.
El coordinador general de Cruz Roja Española, Antoni Bruel, manifestó ayer que este crecimiento en el número de atendidos por la ONG se debe principalmente a lo referido a necesidades básicas. Asimismo, reconoció que en los últimos años se ha tenido que modificar la acogida y la atención, así como la forma de actuar de los grupos de voluntarios, porque ahora se requiere una mayor presencia psicosocial.
En cuanto a la evolución de la ayuda del grupo humanitario, el estudio refleja que en 2010 el número de beneficiarios de este servicio suponía un total de 1.766.052, y en 2011 la cifra ascendió hasta alcanzar los 2.122.470 usuarios.
Por otro lado, muestra que los colectivos favorecidos por la organización presentan el riesgo más elevado en el ámbito económico, con un 33 por ciento de las personas atendidas (más de 600.000), que no reciben ninguna renta, y un 21,3 por ciento de los usuarios de Cruz Roja que tiene ingresos menores de 500 euros. Ante esta situación, Bruel subrayó que en este momento «la mayor preocupación de las personas que acuden a Cruz Roja es la situación económica frente a los problemas de salud».
Otro de los datos relevantes es el desempleo, el 56 por ciento de las personas a las que apoya la ONG está en paro y el 71,3 por ciento de los desempleados es población en edad de trabajar. Además, recoge que uno de cada cuatro parados tiene familia numerosa y el 29 por ciento cuenta con dos hijos; el 47,2 por ciento carece de ingresos; y el 4,1 por ciento son personas sin hogar.

Mayores sin ingresos.

Respecto a las personas mayores, de entre 65 y 79 años, los problemas más frecuentes son los bajos ingresos que poseen, las personas dependientes que tienen a su cargo y los riesgos vinculados a la salud. En este contexto, la organización destaca que el 12 por ciento de los jubilados tiene familias numerosas bajo su responsabilidad y casi la mitad cuenta a su cuidado con dependientes. Asimismo, el 16 por ciento posee riesgo extremo por enfermedad o dependencia; el 20 por ciento tiene retribuciones inferiores a 500 euros mensuales y el 8,7 por ciento recibe una pensión no contributiva.
Cruz Roja alerta también del aumento de los usuarios en situación de extrema vulnerabilidad o de exclusión social que en 2011 alcanzaban las 164.709 personas atendidas (un 8 por ciento) y en 2012 superó las 190.000, lo que supone un 9 por ciento. El 11,5 por ciento de este colectivo presenta riesgo personal extremo debido a enfermedades o discapacidades; además, la mayoría son hombres de entre 25 y 49 años y desempleados.
Para el coordinador general de Cruz Roja Española, otro dato «impactante» de este informe se refiere al aumento del número de personas que viven en la calle, pasan de las cerca de 4.000 en el año 2006 a las 30.000 que actualmente atiende la ONG en asentamientos. En este sentido, Bruel destacó que la principal diferencia entre los sin techo es que en 2006 la mayoría eran varones, mientras que el año pasado se atendieron, sobre todo, a familias con niños a su cargo.
En el ámbito de la infancia (de 5 a 17 años), el estudio recoge que el 6,2 por ciento de los niños asistidos por Cruz Roja está en situación de exclusión social; el 20,5 por ciento son españoles; y más de la mitad son varones (56,7 por ciento). Asimismo, Bruel apuntó que el 93 por ciento «son pequeños cuidados y queridos por sus familias, no son menores que no tengan atención en sus familias, pero sufren una situación de precariedad en sus respectivos hogares».
Por último, el coodinador señaló que la organización va ayudar «de forma más clara», a partir de este momento, a los niños; a las personas mayores; a las familias con todos sus familiares en paro; a las entidades monoparentales; y a los jóvenes con dificultad de incorporarse al mercado

viernes, 15 de febrero de 2013

10 menores necesitan familias que les acojan temporalmente





La Junta está buscando en la provincia de Burgos familias para que puedan acoger a diez menores de edades comprendidas entre los 7 y los 16 años que, por diferentes circunstancias, han tenido que salir temporalmente de sus domicilios. Es la ONGCruz Roja la que se ocupa de la gestión del programa de acogimiento familiar por lo que, cualquiera que esté interesado en realizar esta actividad, puede dirigirse a su sede, que está en la calle del mismo nombre o recabar más información en el teléfono 947257899. También hay un número que el Gobierno regional pone a disposición de las familias voluntarias, el 902106060
Marta Tovar, la responsable del programa, explicó que no se exige ninguna característica especial a las familias sino solamente «tener ganas» de hacer un hueco a una criatura que, de otro modo, tendrá que ser atendida en un centro, una medida que desaconsejan todos los expertos ya que un entorno familiar es lo más adecuado para los niños. Valen igualmente personas solteras, familias numerosas que vivan con la abuela, matrimonios con un solo hijo, parejas heterosexuales u homosexuales. Obviamente, es necesario cumplir unos requisitos mínimos como son la mayoría de edad, tener una suficiente madurez, que todos los miembros de la familia estén de acuerdo en que se lleve a cabo el acogimiento,  que no haya ninguna enfermedad que dificulte esta circunstancia y que se realice un curso de formación.
Las profesionales del programa, Marta Tovar y Noemí Pérez, están a disposición de las familias para resolver cualquier duda que les pueda surgir antes y durante el acogimiento. En la actualidad, hay unas 40 familias en distintas situaciones: algunas acaban de conocer el acogimiento y se lo están pensando; otras podrían haberlo hecho pero sus circunstancias han cambiado, y hay quien actualmente se está formando para ello. La realidad es que, si llega una emergencia -que las hay- Cruz Roja puede ‘tirar’, como mucho, de cinco o seis. Por eso anima a quien tenga ganas de cuidar a un chaval que dé un paso adelante y se ofrezca. No se trata de una adopción ni del paso previo a una adopción, en esto es muy tajante Marta Tovar: El objetivo del acogimiento es asegurar el desarrollo del niño en el seno de una familia cuando es imposible o inadecuado que permanezca temporalmente en la suya.
La coordinadora del programa es muy consciente de las dificultades que, a priori, se le dibujan a una persona cuando se le comunica que los críos que están necesitando como el agua un acogimiento no son bebés sino que ya han cumplido 7 años y algunos son adolescentes. «No tiene por qué ser más complicado», insiste Tovar y recuerda que hay muchas personas que no solo se implican en la educación de chavales más mayores sino que lo asumen con la misma naturalidad cuando tienen algún problema de cualquier tipo. Estas familias -reconoce- están cortadas por un especial patrón de generosidad aunque, casualmente, todas ellas ven como algo normal ayudar a niños que necesitan solo cariño.




* Articulo del Diario de Burgos* 

Ojala encuentren una familia que puedan satisfacer las necesidades de estos niños por un tiempo. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012






Quiero que me cuides un rato




Lo de Pepe es para verlo. Tiene año y medio, anda ligero igual que un pato, se muestra serio como un ministro bajito mientras se lleva a la boca todo lo que pilla y se abraza amorosamente a su madre de acogida, en la que se refugia cada vez que se aburre o se cansa. Lleva en casa de Susana García apenas dos meses y en ese tiempo ha dejado de ser el bebé triste y enfadado con el mundo que era cuando llegó. Ahora ya no da  mandobles a diestro y siniestro y tampoco se mueve mecánicamente para comer o para que le cambien los pañales. Su transformación ha sido espectacular.
Lo cuenta Susana y lo corroboran Marta Tovar y Noemí Pérez, coordinadora y psicóloga, respectivamente, del Programa de Acogimiento Familiar, que desarrolla la Junta en colaboración con Cruz Roja. Ambas destacan, además, que la pasta de la que están hechas las familias de acogida es diferente y rezuma solidaridad, aunque las susodichas lo vean como lo más normal del mundo. A Susana, que tiene dos hijas biológicas de 7 y 9 años, le parece que ocuparse, además, de Pepe y de su hermana María, que tiene tres años, es hacer las cosas como se debe. Así que, de ser cuatro, han pasado, de golpe, a ser seis. Y tan felices. «Todos los niños necesitan una oportunidad y no tienen la culpa de los errores de los adultos», asegura.
El caso de Maribel Otuña y Juan Luis Vilches puede chocar aún más. Porque es que, entre los dos, suman cinco hijos biológicos y tienen en acogimiento a Jorge, de 8 años, y a Marcos, de 5 años y con una discapacidad. Esta pareja no le da más vueltas a su gesto de altruismo porque aseguran que si ellos, en alguna ocasión, no pudieran ocuparse de su prole preferirían que estuvieran en el calor de una familia que en la frialdad de un centro. «Hay que ponerse en el lugar de los demás y pensar que nunca vas a saber por dónde va a ir tu vida», asegura Juan Luis.
La de ellos, de momento, es un caos bien organizado. La intendencia está correctamente engrasada y todo el mundo sabe qué es lo que tiene que hacer y a clases de qué tiene que acudir cada día.
 No es la primera vez que Maribel y Juan Luis tienen niños en acogida. Por su casa han pasado bebés rumbo a la adopción o criaturas cuyas madres no podían atenderlas en un momento puntual. Y aunque el día de la despedida es tremendamente duro -«cuando se van empiezo a llorar y no sé cuándo voy a parar, dice Maribel- tienen clarísimo que esos niños no son suyos y que su estancia en la casa es temporal en tanto se solucionan los problemas que les han separado de sus familias. Ésa, dicen, es la clave de que el acogimiento vaya sobre ruedas.
Porque no estamos hablando de adopción. Marta Tovar explica que son medidas diferentes de protección a los menores. «El objetivo fundamental del acogimiento es asegurar el desarrollo del niño en el seno de una familia cuando es imposible o inadecuado que permanezca temporalmente en la suya», recuerda. Es importante, pues, que las familias tengan presente que la formalización de un acogimiento no determina la creación de derechos o expectativas sobre el menor y que durante ese tiempo se mantienen los vínculos y visitas con la familia biológica. En cambio, la adopción dota de un hogar definitivo a los menores y supone la ruptura de los vínculos paterno-filiales.
En cualquier caso, hay que tratarles como a los hijos biológicos, ponerles límites y olvidarse, como apunta Marta Tovar del «síndrome del pobrecito» que no es otra cosa que recordar las circunstancias que le han llevado a esa situación para pasar por alto cualquier tipo de rabieta o rebelión: «’Pobrecito, con lo que ha pasado cómo le voy a castigar’, dicen algunas madres o padres y lo que tenemos que tener claro es que sobreproteger es también desproteger».
El acogimiento no es bueno solo para los niños que encuentran un hogar en el que vivir sino para aquellos que ven como a su casa llega una criatura para pasar una temporada. Tanto los hijos de Juan Luis y Maribel como los de Susana están encantados de tener estos ‘hermanos’ a tiempo parcial y cuando se marcha uno enseguida preguntan que cuando llegará otro. Es una forma de saber qué hay otras realidades y de que la familia es ese lugar en el que a uno le cuidan y le quieren, independientemente de por quién esté formado. Y es que los acogimientos crean otros tipos de lo que ha dado en llamar ‘nuevas familias’.
Así que si alguien está dispuesto a tener a una criatura en su casa durante un tiempo (en Burgos ahora hay 4 críos en espera, de entre 10 y 16 años, pero la cifra suele variar y el hecho de estar inscrito en el programa no significa que vayan a llamar de inmediato) solo tiene que ponerse en contacto con el teléfono 902106060 o acudir a la Asamblea Provincial de Cruz Roja o a la Gerencia de Servicios Sociales. Puede ser acogedor cualquier persona o núcleo familiar que, simplemente, «se sienta con ganas e ilusión de hacer un sitio en su hogar a uno o varios niños». Cualquier edad, sexo, estado civil y posición socioeconómica pueden ser adecuados para atender a sus necesidades.



 * Es un articulo del Diario de Burgos que me ha llamado la atención satisfactoriamente ya que pienso que estas familias de acogida hacen una muy buena acción por estos niños que necesitan muchas cosas, pero en especial un poco de cariño*